Social Justice & Community

La temporada de playa ya está aquí—pero no para todos

Científicos marinos y sociales de la UC Santa Cruz explican por qué las personas privilegiadas disfrutan de más beneficios recreativos, económicos y emocionales del océano que los grupos con menos recursos, y ofrecen soluciones holísticas

By

Ocean Beach, San Francisco

Ocean Beach, San Francisco

Press Contact

  • A pesar de la promesa de la Ley Costera de California, las profundas barreras estructurales continúan limitando el acceso a las playas y otras áreas costeras del estado, impidiendo que las comunidades marginadas obtengan los beneficios físicos, económicos y emocionales del océano.
  • La disparidad en la inversión en infraestructura favorece a los barrios económicamente más acomodados, dejando las playas cercanas a comunidades desatendidas con instalaciones deterioradas, transporte público limitado y menos servicios, lo que restringe en la práctica un acceso significativo para estas comunidades.
  • Más allá de los obstáculos físicos, los legados de prácticas excluyentes de zonificación residencial (redlining), las políticas coloniales de uso de la tierra y las normas culturales arraigadas continúan excluyendo a mujeres, hogares de bajos ingresos y personas en situación de vulnerabilidad, incluidas aquellas con discapacidades físicas, de actividades costeras como el acceso a playas, el surf y la pesca, lo que refuerza divisiones sociales que limitan oportunidades recreativas y laborales más amplias.
  • Los autores de este estudio han desarrollado propuestas de políticas viables, como auditorías de equidad obligatorias, mejoramiento del transporte público y co-administración tribal, para garantizar que los recursos costeros beneficien a todos los californianos y no solamente algunos grupos más privilegiados y adinerados.

Mientras que los lugareños y visitantes de todo el mundo acuden en masa a las famosas playas de California este verano, una colaboración de científicos marinos y sociales, en asociación con organizaciones de base, ha descorrido la llamada “cortina costera” y ha revelado a simple vista una realidad desafortunada: los miembros del público menos adinerados e históricamente marginados se enfrentan a barreras persistentes para acceder a nuestros océanos y costas.

En el 50.º aniversario de la Ley Costera de California, que codificó el derecho del público a acceder y disfrutar de la icónica costa del estado, el equipo dirigido por investigadores de la Universidad de California, Santa Cruz, presenta un nuevo trabajo que describe las diferentes condiciones de las áreas más y menos ricas de la Costa Central, las disparidades que perpetúan la desventaja y las corrientes culturales y sociales ocultas, a menudo profundamente arraigadas, que se agitan justo debajo de la superficie.

Durante años, los investigadores han monitoreado la tendencia a la reducción del acceso público a la costa y cómo se sienten los californianos al respecto. Pero este nuevo estudio, publicado en Nature Communications, comparte las experiencias vividas por quienes enfrentan barreras físicas, financieras, sociales y de información entre ellos y todo lo que la costa tiene para ofrecer. El artículo también ofrece soluciones holísticas al aprovechar la experiencia de científicos marinos y sociales que no solo abordan la gestión de los recursos naturales, sino que también investigan las dimensiones subyacentes del comportamiento humano, la psicología y la cultura que determinan su eficacia.

Al final, lo que encontraron es que las “barreras estructurales” a menudo excluyen a los grupos marginados de los espacios oceánicos y limitan su bienestar, creando un ciclo de retroalimentación que puede perpetuar la desigualdad y degradar la salud y el bienestar públicos. Aunque California se considera un líder mundial en la protección y gestión de los entornos oceánicos, el equipo dice que se necesita más trabajo para fomentar enfoques más inclusivos y centrados en la equidad para la gobernanza costera.

Playa apartada de aguas azules y cristalinas, con olas rompiendo cerca de grandes casas.
La costa de la bahía de Monterrey, vista desde 17-Mile Drive, una carretera turística de peaje con mantenimiento privado.

“Si bien California se enorgullece de ser un estado bastante diverso, es dolorosamente evidente para cualquiera que haya pasado mucho tiempo en la costa cuán segregadas siguen estando estas áreas, y las vastas diferencias en recursos e infraestructura entre los parques, las áreas protegidas  y playas junto a las comunidades ricas y las que están junto a comunidades más desfavorecidas o desatendidas, dijo el autor principal Timothy Frawley, científico de proyectos en el Programa Colaborativo de Pesca en la UC Santa Cruz.

“Esta división social tiene un enorme impacto en el tipo de actividades recreativas que persiguen las personas y, lo que es particularmente relevante para el Área de la Bahía de Monterey, en el tipo de trayectorias profesionales que perciben como relevantes,” agregó.

En contextos que van desde conferencias de ciencias marinas hasta el surf, Frawley dijo que los espacios oceánicos y los discursos siguen dominados principalmente por hombres blancos y otras élites costeras. Hizo hincapié en la necesidad de una mayor diversidad de perspectivas en la gestión y la formulación de normas, insistiendo en que el océano debe beneficiar a todos, independientemente de su raza, género o nivel de ingresos.

De hecho, investigaciones anteriores sobre la gestión de los recursos naturales respaldan esto y han establecido fuertes vínculos entre la equidad y la sostenibilidad a largo plazo. “Hay todo un cuerpo de investigación que demuestra que la incorporación de diversos individuos y sus conocimientos puede conducir a soluciones creativas para problemas difíciles,” dijo el coautor Corey Garza, profesor de ecología marina en la Universidad de Washington. “Además, las personas pueden comprometerse más con la gestión costera y sus resultados cuando ven a miembros de su propia comunidad participando activamente en el proceso.”

Raíces históricas y barreras culturales de acceso

Las perspectivas occidentales y los paradigmas políticos enmarcan el océano como un recurso natural para que los humanos lo exploten, gestionen y conserven. Sin embargo, las tradiciones intelectuales indígenas, negras, mestizas y otras  han reconocido durante mucho tiempo el océano como una fuente de parentesco, conexión, identidad y espiritualidad. Esta diferencia da como resultado una dinámica en la que los enfoques occidentales dominantes en este país a menudo socavan los derechos y las relaciones locales y refuerzan el legado histórico del colonialismo.

Aquí, en la Costa Central, la frase “solo locales” a menudo se trata como una cuestión de tradición en las comunidades de surf y pesca. Pero las ideas sobre quién pertenece a lo largo de la costa no surgieron en el vacío. Están entrelazadas con una historia de exclusión, desde prácticas excluyentes de zonificación residencial (redlining) y prácticas discriminatorias de vivienda, hasta la inversión desigual en las comunidades costeras, que ha determinado quién tiene la oportunidad de construir relaciones duraderas con el océano a través de las generaciones.

People casually fishing off the end of a pier on a clear day.
Port Hueneme Pier, Ventura. (Cortesía de Jennifer Selgrath)

El acceso al océano no se trata simplemente de llevar a la gente a la playa, dijo la coautora Jillian Lyles, candidata a doctorado en el Programa Interdisciplinario Emmett en Medioambiente y Recursos de la Universidad de Stanford. El acceso, explicó Lyles, también tiene que ver con si las personas sienten que pertenecen allí, si tienen oportunidades de construir relaciones con el océano a lo largo del tiempo y si esas relaciones pueden convertirse en parte de la vida familiar, comunitaria y cultural.

“Cuando las comunidades son excluidas de los espacios costeros a través de generaciones, no solo pierden oportunidades recreativas, sino que pierden oportunidades para cultivar el tipo de relaciones con el océano que fomentan la pertenencia, la comunidad, la identidad cultural y el cuidado,” dijo Lyles, cuya investigación examina cómo las relaciones con el océano dan forma a la identidad, la comunidad y el cuidado del medioambiente. 

Una idea adicional del estudio subrayó cómo las normas patriarcales del pasado allanaron el camino para que los hombres de hoy cosecharan más de las recompensas económicas y recreativas del océano. “Los participantes de nuestro grupo focal discutieron cómo en sus culturas, las actividades al aire libre y oceánicas no se consideran femeninas ni apropiadas para que las mujeres participen,” dijo la coautora Emma Gee, estudiante de doctorado en estudios ambientales en la UC Santa Cruz. “Descubrimos en nuestro estudio, y podemos confirmar a través de experiencias vividas como personas que frecuentamos el océano”, que las actividades costeras como el surf, la pesca y el buceo están dominadas por hombres en California también.”

Geografía de la desventaja

Los investigadores también explican cómo estas fuerzas sociales dan lugar a la dramática disparidad en la condición de la infraestructura y las comodidades en los puntos de acceso costero en áreas ricas versus aquellas en o cerca de comunidades con pocos recursos. Asilomar State Beach, ubicada cerca de Pacific Grove, cuenta con pasarelas de madera, senderos pavimentados para caminar y una presencia constante de personal del parque.

En contraste, en lugares como Salinas River State Beach, que está más cerca de las comunidades migrantes y la agricultura industrial, los visitantes suelen experimentar botes de basura desbordados y mala calidad del agua. La playa rara vez es atendida por empleados de parques estatales.

“Sin una inversión específica y reformas políticas diseñadas para nivelar el campo de juego y abordar las necesidades y valores específicos de las comunidades locales, muchas áreas oceánicas seguirán siendo desconocidas, infrautilizadas y, por lo tanto, infravaloradas,” dijo Nancy Faulstich, directora ejecutiva de Regeneración – Acción Climática del Valle de Pájaro. “Durante años, he escuchado historias de que, a pesar de que el punto de acceso más cercano está a menos de 20 minutos en automóvil, muchas personas en Watsonville nunca han estado en la playa.”

Weathered wooden boardwalk winding through coastal brush and sand
Paseo tablado en Salinas River State Beach (Cortesía de Brian Baer, California State Parks)

Para llevar a cabo investigaciones basadas en el lugar sobre la equidad en el acceso al océano y los impactos personales, el equipo encuestó a casi 1700 personas, acercándose a ellas en centros comunitarios como lavanderías, mercados y eventos de barrio, así como en puntos de acceso costero. También encuestaron a algunas personas en línea, centrándose en comunidades designadas como “desfavorecidas” o “gravemente desfavorecidas” por la Agencia de Protección Ambiental de California, que se extienden desde San Francisco, hasta Ventura, al noroeste de Los Ángeles.

Vías para una política más equitativa

Quizás las contribuciones más prácticas de este estudio son sus recomendaciones de políticas para reducir las barreras de acceso al océano y sus beneficios. Algunos ejemplos incluyen:

  • Reducir las tarifas de estacionamiento, proporcionar cupones comunitarios o estacionamientos gratuitos.
  • Mejorar el transporte público asequible y accesible a las playas y áreas costeras.
  • Facilitar la coadministración tribal de las áreas y recursos costeros, incluida la simplificación de los permisos para las prácticas ceremoniales.
  • Realizar auditorías de equidad y desarrollar planes de asignación de recursos para aumentar la inversión en áreas costeras descuidadas.
  • Proporcionar capacitación en competencia cultural para el personal de seguridad pública y protección de recursos costeros, priorizando la contratación y el reclutamiento de personal local que refleje la demografía de la comunidad.

“El estado de California tiene algunas de las protecciones costeras más sólidas en cualquier parte del país, e incluso del mundo,” dijo la autora sénior Katherine Seto, profesora asociada de estudios ambientales en la UC Santa Cruz. “Pero las promesas de esas políticas siguen sin cumplirse, mientras que las desigualdades estructurales continúan creando enormes disparidades en la capacidad de las personas para beneficiarse de la costa en función de sus ingresos e identidad.”

Si bien las barreras para el acceso al océano no se limitan a California, es donde el problema es quizás más agudo debido a la rápida gentrificación costera y la creciente desigualdad de ingresos, lo que posiciona a California para introducir una vez más políticas progresistas para que otros estados que enfrentan el mismo problema las sigan.

Related Topics

,
Last modified: Jul 13, 2026